En 2011, Marc Andreessen escribió que el software se estaba comiendo el mundo. Quince años después, el software gestiona las ventas, la contratación, las finanzas, el soporte, la comunicación y casi cualquier otro tipo de trabajo.
Todo ese software necesita a alguien que lo maneje.
Cada aplicación trae consigo cuentas, permisos, integraciones, actualizaciones y soporte. La información queda atrapada en una herramienta y se copia a otra. Cuando algo falla, una persona tiene que detectarlo, diagnosticarlo y restablecer el servicio. Buena parte del trabajo de oficina actual consiste en mover información entre sistemas y mantener los procesos en marcha.
El coste es considerable. Un informe de 2025 de la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno de Estados Unidos señaló que el 79 % del gasto federal previsto en TI se destinaba a operar y mantener sistemas existentes. Es un ejemplo del sector público, pero el patrón se repite en todas partes. Cuanto más software usamos, más tiempo dedicamos a mantenerlo útil.
Nuestro objetivo es reducir esa carga operativa.
Si le pides a un agente un informe semanal del pipeline comercial, debería leer el CRM, revisar los correos recientes, detectar los cambios importantes y preparar el informe. El usuario debería recibir el trabajo terminado, en lugar de una serie de instrucciones para hacerlo.
Ese objetivo influye en dónde se ejecuta el agente.
Un agente local suele empezar como un proyecto de fin de semana. Instalas el entorno de ejecución, configuras un modelo y conectas unas cuantas herramientas. Después buscas un ordenador que sobre, evitas que entre en suspensión, administras claves de API, instalas actualizaciones y revisas los registros cuando deja de responder.
Pronto, su propietario está manteniendo un pequeño servidor en casa. Los agentes locales tienen sentido para quienes quieren un control total y disfrutan montando su propia configuración. La mayoría de las personas no quiere otro ordenador del que ocuparse.
El acceso remoto muestra lo rápido que crece el trabajo. Un agente que se ejecuta en casa está detrás de un router y un cortafuegos. Acceder a él desde fuera puede requerir redirección de puertos, un túnel, autenticación y cambios en la red. Si el proveedor de Internet utiliza NAT a nivel de operador, modificar el router doméstico quizá no resuelva el problema.
Una persona puede pasar una tarde haciendo que el agente sea accesible antes de que complete su primera tarea útil.
Ejecutamos nuestros agentes en la nube para asumir ese trabajo. Gestionamos el entorno de ejecución, la red, las actualizaciones, la seguridad y la recuperación. Cuando resolvemos un problema, todos los usuarios se benefician. Las tareas programadas continúan cuando el usuario cierra el portátil. El agente sigue disponible sin un ordenador de repuesto sobre la mesa.
La nube también nos ofrece un lugar coherente donde gestionar los permisos y la seguridad. El agente puede utilizar entornos aislados, pedir aprobación antes de realizar acciones delicadas y dejar constancia de lo que hizo. Los usuarios pueden revocar el acceso sin buscar archivos de configuración en otra máquina.
La interfaz debe seguir siendo familiar. Las personas deberían poder acceder al agente mediante un chat web sencillo o servicios que ya utilizan, como Slack, iMessage y Telegram. Describen lo que necesitan, responden a preguntas cuando hace falta y revisan el resultado.
Para hacer un trabajo útil también se necesita acceso a las aplicaciones donde ya está la información. Hemos dedicado mucho tiempo a conectar el agente con más de 3.000 aplicaciones SaaS.
Esto permite al agente leer una bandeja de entrada, actualizar un CRM, preparar un documento y publicar el resultado sin pedir al usuario que mueva datos entre sistemas. Una solicitud puede empezar en un chat y terminar como un trabajo completado en la aplicación adecuada.
Las personas ya tienen suficiente software que mantener. El usuario debería decidir qué debe ocurrir. El agente puede encargarse de los clics, las transferencias, los seguimientos y las tareas rutinarias necesarias para hacerlo realidad.





